24 al 27 de octubre, 2024
Feria internacional de fotografía

Manifiesto verde en el Museo Moderno de Buenos Aires

La muestra Manifiesto Verde en el Museo Moderno de Buenos Aires toma su título de la declaración escriba en 1971 por el artista Nicolás García Uriburu en la que expresa su voluntad de denunciar el antagonismo entre naturaleza y civilización. 

 

Tomando como punto de partida la obra de este artista y activista pionero, cuyo trabajo ha venido denunciando, desde los años sesenta, los modos en que la acción humana avanza destructivamente sobre las aguas, la tierra, la flora y la fauna, la exposición busca ofrecer un recorrido por el trabajo de numerosos artistas cuya obra, como la de García Uriburu, da cuenta de que la naturaleza es un cuerpo vivo que está lejos de ser un simple objeto de domesticación o dominación.

 

Producidas entre los años sesenta y la actualidad, las obras de los artistas que integran Manifiesto verde son una celebración de la pintura y de la imaginación como un medio fundamental para reconocer el vigor que caracteriza a la Tierra. Si la cultura del control buscó eliminar el miedo y el asombro frente a la naturaleza, estas imágenes recuperan ese mundo de sensaciones. Desprendidas de las búsquedas modernistas y románticas, de los surrealismos, del pop y del arte lisérgico, del desarrollo de estéticas vinculadas a lo ornamental y artesanal, las obras son una respuesta de sus autores a los materiales y entornos de ensueño que los rodearon o a los que accedió su conciencia guiados por sus impulsos artísticos. Ellas traen al frente, con toda su contundencia, la personalidad de este gran ser vivo, pero también, y muy particularmente, al río Paraná y los humedales, al Litoral, a la selva misionera y amazónica, al paisaje chaqueño y andino, a las visiones que se desprenden de la observación de horizontes infinitos y de los mares y los bosques del sur. Estos reencarnan en sus pinturas, dibujos, grabados y esculturas para mostrar su riqueza y sus entrañas.

  

 

Como escribió la crítica, artista y curadora Germaine Derbecq sobre la obra de Uriburu en 1960, estos trabajos nos participan con naturalidad de un mundo de “profundidades acuáticas, selváticas o celestiales, evocaciones melódicas, dramas vegetales, meandros armoniosos”, en los que la autenticidad nada tiene que ver con una representación mimética. Por el contrario, su fuerza reside en la capacidad con que estas imágenes, en las que se encuentra la realidad y el sueño, nos enfrentan mediante sus climas maravillosos, con la exuberancia, la voracidad y la vitalidad de ese superorganismo salvaje del que somos parte, de esa forma de vida hecha de un sinfín de seres interconectados, en la que todo fluye, se integra, se absorbe, se transforma. En estas imágenes queda descrito un sistema hecho de aire, agua y tierra; de plumas, espinas, escamas, carne y hueso en el que nada es inerte.